Pásate a las piscinas de agua salada

Pásate a las piscinas de agua salada

Canarias es un buen lugar para tener una piscina. El clima suave durante todos los meses del año permite que una inversión tan grande en este tipo de construcciones resulte rentable al cabo de unos años, ya que el uso que se hace de la misma es continuo, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de España, donde apenas se usan en verano y ni siquiera todos los días.

Realmente, el coste de la piscina se parece más al de un coche: la inversión inicial es fuerte, pero los gastos de mantenimiento son los que nos duelen cada semana. Al igual que un automóvil necesita de gasolina, ruedas, un pago de seguro, etc., la piscina necesita diferentes productos además de una limpieza frecuente para eliminar los bichos que caen al agua y que la depuradora no arrastra y también para limpiar las paredes y el fondo de la misma.

Desde este artículo, os vamos a proponer hoy una forma increíble de reducir costes en el mantenimiento de las piscinas con la esperanza de que no veáis en ella una cara inversión, sino un lujo al alcance de todos. Queremos animaros a que construyáis una piscina en vuestra casa, en vuestra empresa o incluso en vuestro bloque de vecinos y podáis hacer frente a su mantenimiento sin vaciaros los bolsillos. Empresas muy profesionales como Piscinas DTP os pueden ofrecer unos presupuestos increíbles y desde aquí os vamos a hablar de una forma de ahorrar en el mantenimiento.

La última moda en el tratamiento de agua de las piscinas está siendo el uso de la sal. Pero no os engañéis, las piscinas de agua salada no tienen ni mucho menos la cantidad de sodio que podemos encontrar en el agua del mar. De hecho, apenas rondará el diez por ciento de las aguas marinas, por lo que el gusto no es ni parecido. Quizás sea más similar al que podemos encontrar en una lágrima.

A diferencia del cloro y los antialgas, que eran los tratamientos de piscina más comunes hasta la fecha, la salinización tiene bastantes ventajas. En primer lugar, nos quitamos de encima el engorro de manipular productos químicos como el cloro. Cualquier que haya puesto alguna vez una pastilla de cloro en la cubeta de la depuradora recordará como el olor que emite es fortísimo y como parece meterse por la nariz hasta llegar al cerebro. Si directamente no lo manipulamos, nos ahorramos cualquier tipo de accidente y también lo alejamos de los niños para que no sea peligroso para ellos.

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Pásate a las piscinas de agua salada y deja atrás los productos químicos.

El cloro es también el causante del daño en la piel, ya que la reseca, y especialmente el del pelo. ¿Nunca habéis visto como a veces las chicas rubias que abusan de la piscina cambian de color de pelo? Pues eso en parte puede ser producido por los productos químicos que se echan a la piscina para su tratamiento. En el bañador lo veis muy claramente también. Todas las madres os piden que paséis por agua desde pequeños la ropa de la piscina antes de ponerla a secar. Y aquellos que van a las piscinas deportivas a nadar con frecuencia saben que un bañador no suele durar más de una o dos temporadas, ya que los productos químicos lo desgastan.

Además, mantener la piscina limpia con agua salada es mucho más recomendable si quieres ayudar a la conservación del medio ambiente. Aparte de no usar químicos, este tratamiento hacer que el agua nos pueda durar durante varios años en perfecto estado, con lo que también ahorramos en el consumo de agua.

Por otro lado, el cloro también es el causante muchas veces del picor que sentimos en los ojos. Es muy difícil meter los ojos abiertos debajo del agua ya que la sensación es bastante incómoda. También favorece la formación de arrugas. Frente al cloro, el agua salina parece resultar más suave y ella flotamos con mayor facilidad. Asimismo, ayuda a eliminar las toxinas de la piel y alivia los dolores reumáticos y musculares, mejorando también la circulación sanguínea y la capacidad respiratoria.

Pues bien, con los tratamientos de sal podemos ir olvidándonos de todos los inconvenientes. Lo primero que tendremos que hacer será contactar con un profesional para que nos instale el sistema del clorador salino. El agua salada pasará por los electrodos de este y se convertirá en hipoclorito sódico, que es la sustancia que depurará el agua. Después vuelve a convertirse en sal y así se hacer el círculo. Lo bueno es que la sal solamente la echamos la primera vez, en las proporciones que nos indicará el profesional por cada metro cúbico de agua y como esta no se evapora, no tendremos que reponerla hasta que no cambiemos el agua de la piscina o hasta que nuestra piscina no haya perdido grandes cantidades cuando arrastramos líquido al movernos, al salpicar, al entrar o al salir.

El mantenimiento, además, es mucho más cómodo, ya que solamente tendremos que ir añadiendo pequeñas cantidades de sal cada ciertos meses o sustituyendo los electrodos en caso de que hayan dejado de funcionar. De hecho, algunos cloradores salinos tienen unas luces que nos indican cuándo debemos reponer la sal. Por otro lado, el tiempo de uso del clorador es similar al de una depurada, por lo que el gasto energético apenas va a variar de lo acostumbrado en una piscina común.

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