La importancia de una buena reforma

Reformar una vivienda, esa tarea tan absorbente y engañosa. Hace años, mis padres decidieron adquirir una segunda vivienda en la playa. Para su aventura eligieron la Costa Mediterránea, en la que había multitud de viviendas a la venta por un precio no demasiado elevado, debido a que muchas se habían quedado vacías con la llegada y efectos de la crisis. Cuando por fin recibieron la llave y pudieron acceder a su nueva vivienda, la prioridad pasó a ser encontrar un establecimiento que les permitiese reformar el apartamento en Cullera sin que el presupuesto les ascendiese en exceso, ya que acababan de gastar un montante elevado de dinero en la adquisición, pero sin dejar de exigir una calidad mínima en la reforma y la readaptación de los espacios.

Evidentemente, efectuar una reforma siempre implica unos costes mínimos e innegociables. De la misma forma que arreglar y acondicionar una vivienda conlleva que esta sufra unos cambios que son a todas luces necesarios, los presupuestos parten de un nivel mínimo que es imposible de reducir. Más allá de eso, todo depende, como es lógico, de varios factores. Primero, y quizás el más importante, las exigencias, las necesidades y los gustos del propietario del piso. Obviamente no es lo mismo querer una sala de estar convencional que andar buscando la reforma más especial, única y llena de exclusividad de la zona. Otro de los factores que suelen incidir en el presupuesto final es el de los materiales utilizados en la ejecución de la reforma. Cada material tiene unos costes, unas propiedades y una vida distintos. Y, por consiguiente, sus precios varían de los más baratos a los más caros en función de todos estos rasgos.

Por suerte, la única idea de mis padres (y creo que esto podría ser extensible a cualquier familia que adquiera una segunda vivienda) era la de obtener un nuevo lugar en el que escaparse de la capital, donde vivíamos entonces. Ni más ni menos que tener la posibilidad de poder salir de Madrid cuando llegase una concatenación de días festivos. Por consiguiente, las obras no fueron demasiado elevadas, ni en tiempo ni en presupuesto. Llevar a cabo la reforma de una cocina en Cullera es menos exigente, en el sentido de que precisa una menor diversificación, que en la ciudad en la que tengamos situada nuestra primera vivienda. “Al final, cuando vienes aquí, terminas por cocinar lo justo, te pasas el día en la playa e incluso puedes salir a cenar o comer algo preparado previamente”, recuerdo que decía mi madre cuando estaba inmersa en la rehabilitación de la cocina.

Sin embargo, por pequeña que sea una rehabilitación o una reforma, y aunque sea para una segunda vivienda, efectivamente precisa unos mínimos. La garantía de que detrás existe una empresa solvente y que se preocupa por lo que tiene delante, en muchos casos los sueños de una familia entera. Todas las reformas se pueden interpretar como un camino de dos direcciones: por un lado, el reformador tiene la responsabilidad de albergar la ilusión de mucha gente en tu trabajo, pero por el otro, la obligación de cumplir con las expectativas y garantizar que el resultado de su esfuerzo deviene en un lugar habitable para el propietario. El prestigio de la empresa reformadora está en juego. Por eso, cumplir con los plazos, la seriedad del personal, la limpieza de la obra, pero sobre todo, y en esto coinciden todos, la garantía y el sello de calidad son los puntos clave para que la empresa constructora que se encargue de reformar la vivienda gane ese prestigio citado con anterioridad.

Por otra parte, en una reforma es importantísimo corregir imperfecciones que pudiesen haber sido heredadas del estado anterior de la vivienda. Las goteras, humedades, grietas de construcción, el desconchamiento de la pintura o la misma caída de los azulejos, que a veces se puede dar por el mismo paso de los años, son algunas de las pequeñas tareas en las que se puede medir el éxito o no de la reforma. Recuerdo que mi familia quedó muy a gusto con la empresa que accedió a reformar el apartamento de Cullera, tanto que para una posterior reforma en Madrid, trataron de repetir.

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