Las Islas Afortunadas

Las Islas Afortunadas

Las Islas Canarias son muchas cosas: un archipiélago del Atlántico, una de las diecisiete comunidades autónomas de España, una de las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea y las llamadas Islas Afortunadas. Este mito, que encuentra su origen en la mitología griega, y al que se le atribuye una localización geográfica concreta, hace que ese sea el nombre con el que muchos conocen a las siete islas: El Hierro, La Gomera, La Palma, Tenerife, Fuerteventura, Gran Canaria y Lanzarote, más pequeños islotes.

Enmarcadas sobre las azules aguas del océano Atlántico, las islas Canarias ofrecen al mundo toda la magia de un archipiélago único en el mundo por su diversidad y riqueza subtropical y por la calidez de sus gentes. Un universo del que disfrutar en un clima primaveral que se prolonga 12 meses al año.

Las siete islas, maravillosas pero diferentes, pueden seducir a sus visitantes con su gran oferta turística en la que encontrará fabulosos paisajes y una gastronomía muy singular. Su origen volcánico, las inmensas dunas blancas, el paisaje casi lunar, las calas de arena negra brillante…todos sus pueblos han sabido conservar su patrimonio histórico y cultural con fiestas populares de gran arraigo y una gastronomía tan sencilla como exquisita.

Gastronomía

La gastronomía constituye una de las grandes señas de identidad del pueblo canario. Se caracteriza por su sencillez, variedad y riqueza de sus ingredientes, productos de la tierra y el mar de las islas, pero sobre todo por su carácter ecléctico, debido a las aportaciones culturales que ha recibido a lo largo de su historia.  Junto con los platos de inspiración peninsular, presenta recetas que muy bien pudieran ser consideradas latinoamericanas o africanas, y junto a ello soluciones totalmente originales y autóctonas. Se trata de una cocina suculenta pero ligera al mismo tiempo.

En Canarias existen variedad de platos que pueden ser servidos como tapas o entrantes, conocidos en las islas como enyesques. Entre ellos destacan, por la genialidad de su simpleza, uno de los platos más famosos de las islas: las papas arrugadas, que no son más que patatas cocidas con piel en abundante agua muy salada, por lo que su piel adquiere el efecto al que el nombre alude. Se sirven con mojo picón, salsa picante a base de aceite, ajo, guindilla y pimentón. Algo tan simple que ha alcanzado el grado de maestría, y sobre la que muchos guardan celosamente sus recetas más particulares. Se toman acompañando a otros platos o solas.

Una de las recetas más antiguas y tradicionales es el gofio, una receta prehispánica que constituía la base de alimentación de los guanches o antiguos canarios. Es una harina de trigo, millo, cebada, y otros granos integrales tostados, con la que se elaboran numerosas recetas canarias ya que es muy versátil. Es un plato típico de las islas, aunque su consumo ha traspasado fronteras hasta Cuba, Venezuela, Uruguay o el Sáhara occidental.

Su riqueza pesquera permite que se puedan degustar numerosos pescados y mariscos en las más variadas formas de la cocina internacional. La vieja, que es un pescado blanco, bastante fino, parecido al lenguado y no demasiado conocido en la península, es muy habitual en la comida canaria tradicional. Se suele acompañar de patatas, un poco de cebolla y ajo, especias y aceite. Cocinado al horno y con la cebolla ya lista de Hida, es un plato fácil, sano y de tradición.  Sin olvidarnos de las lapas, uno de los productos más servidos, preparadas habitualmente sobre una sartén y acompañadas con mojo verde; el pulpo, ya sea en salsa, en su jugo o con un salpicón de verduras y vinagreta; y los pejines o gueldes, un tipo de pez pequeño de la familia del boquerón y la sardina que se consumen fritos o secos.

La tradición canaria cuenta también con numerosos guisos de legumbres, con garbanzos y judías, siendo el más famoso el potaje de berros: otro de los placeres de la cocina canaria, perfecto para los amantes de las verduras. Incluye obviamente berros, maíz, cebolla, zanahoria, judías, calabaza, especias, ajo, sal, y suele acompañarse con trozos de costilla de cerdo.

Los postres los forman los fantásticos frutos exóticos que crecen en la isla, como es el caso del plátano, abundante en la isla y de un sabor exquisito, inigualable por las condiciones en las que se cultiva y se cosecha.

Los vinos canarios también tienen mucha tradición. En las islas se cultivan 33 tipos de viñas. Su gran calidad se debe a que a las islas nunca ha llegado una plaga importante que haya llegado a las matas. Para completar el elenco de «placeres embotellados» no deberíamos abandonar las islas sin haber probado los originales y deliciosos destilados de ron y ron-miel.

Las Islas Afortunadas

Las Islas Canarias han sido, a lo largo de la historia, fuente de mitos e idealizaciones. Mucho antes de que se colocara el Archipiélago en el mapa ya existía la leyenda de que más allá de las Columnas de Hércules, que la tradición coloca en el estrecho de Gibraltar, existían unas islas míticas que podrían ser los restos de la antigua Atlántida de Platón o, por qué no pensarlo, las islas donde germinaban los preciados frutos del Jardín de las Hespérides. En este jardín se hallaba un árbol de manzanas de oro que, según se decían, proporcionaban la inmortalidad.

Esta idea paradisiaca de lugares donde las frutas crecen sin apenas esfuerzo y sin la mano del hombre servía a los griegos para desinhibirse del mundo real y, es que, el trabajo en el campo fue y sigue siendo duro. Además, para los antiguos griegos, la mitificación de los espacios tenía un componente no sólo filosófico, sino también vital. De otra manera no se explicaría la atención mostrada a la geografía y a situar en enclaves idealizados algunas de las fortunas de los hombres.

Estos mitos fueron “heredados” también por los romanos. Muchos autores romanos, a veces influidos por la leyenda y otras veces apoyados por fuentes de calidad, vuelven a escribir de las islas Afortunadas y de lo que en ellas sucede: narraciones épicas, relatos de islas que aparecen y desaparecen…

La leyenda de San Borondón es una de las más ricas de la mitografía canaria y su situación sigue siendo un misterio. Algunos aseguran que se encuentra cerca de El Hierro; otros, por el contrario, la sitúan en la órbita de La Palma. El historiador Abreu Galindo la situó en los mapas, y varios cartógrafos la dibujaron, pues varios exploradores aseguraron haber hecho tierra en ella. Lo cierto es que no hay otra historia más romántica que la de la isla que aparece y desaparece.

 

 

 

 

 

 

 

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